El chivo expiatorio desde el agnosticismo borgeano en"El evangelio según Marcos"

 

El agnosticismo es eso:  la suspensión del juicio ante la aparente imposibilidad de conocer a Dios.  No extraña, por ello, que al final del cuento "El evangelio según Marcos", el lector se quede con una especulación filosófica acerca de la crucifixión de Baltazar Espinoza, el personaje principal.  El texto no ofrece respuestas definitivas a esta interrogante porque termina en la suposición de que la cruz que han construído los Gutres es para  Baltazar, pero es el lector quien debe deducir si la crucifixión hace de él un mártir.  Este tipo de texto que exige la participación del lector lo hace cómplice no de la crucifixión física de Espinoza, sino de la suspensión del juicio que experimenta el narrador: de una crucifixión mental.  Para llevar al lector a esta disyuntiva filosófica, el narrador dota a Baltazar Espinoza de un perfil psicológico similar, en varios sentidos, a la persona de Jesucristo:  tiene treinta y tres años, goza de una facultad oratoria extraordinaria y de una ilimitada bondad pero también lo construye desde una perspectiva agnóstica como un personaje ambivalente.  Entre las ideas de Herbert Spencer, provenientes de su padre y la fe católica, de su madre, Espinoza permanece indefinido.  Habrá de ser el discurso bíblico del Evangelio de Marcos lo que lo defina cuando, sin proponerse convertirlos, se lo lee a los Gutres, personajes fanáticos y supersticiosos que viven en la hacienda donde Baltazar se halla de visita.  Mediante la creación de una amenazante inundación que lleva a los Gutres a buscar un salvador en Espinoza, sus palabras que les reiteran que "Cristo se dejó  matar para salvar a todos los hombres" y el final que sugiere la crucifixión de Espinoza, se crea un texto abierto en su indefinición y un paralelo agnóstico que le concierne al lector dilucidar:  ¿es Espinoza una víctima expiatoria?  ¿Lo es en sentido cristiano?

Dra. Patricia G. Montenegro

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