Muerte de un turista: cuestionamiento del desarrollismo en el cine de terror español de los 70

El turismo fue uno de los motores fundamentales de la economía española de los años 60. En gran parte esto se debió al papel que Manuel Fraga Iribarne ejerció en el Ministerio de Información y Turismo (1962-69). Durante este tiempo, el ministerio produjo y apoyó películas que se centraban de una manera dispar en el tema abarcando un amplio espectro que iba de la etnografía a la promoción, pasado por paradójicos ejemplos de crítica al turismo.

En contraste con este cine, surge en los últimos años del franquismo (y el inicio de la transición) un cine de terror que muestra los fracasos de los proyectos modernizadores del desarrollismo y del tardo-franquismo. Si como definía MacCannell la acción de los turistas puede ser descrita como canibalismo cultural, películas como Una vela para el diablo (Eugenio Martín, 1973) o ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976) subvierten este principio para mostrar una España ancestralmente agresiva a la modernidad que llega de fuera.

Si bien es muy frecuente el cine en el que turistas son aterrorizados por la otredad que representa el destino vacacional, a la vez que éste suele exponer un una perspectiva claramente anglo-céntrica; la particularidad de las películas estudiadas en este trabajo reside en que son cineastas españoles los que construyen España como otredad, favoreciendo una lectura política no siempre obvia.

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